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martes, 17 de julio de 2007

Imagen: Luis Beltrán.

Don Juan: -"Hay una extraña felicidad ardiente en actuar con el conocimiento pleno de que lo que uno está haciendo puede muy bien ser su ultimo acto sobre la tierra. Te recomiendo meditar sobre tu vida y contemplar tus actos bajo esa luz. "

Castaneda: -"Yo no estaba de acuerdo. Para mí, la felicidad consistía en suponer que había una continuidad inherente a mis actos y que yo podría seguir haciendo a voluntad cualquier cosa que estuviera haciendo en ese momento, especialmente si la disfrutaba."

Don Juan: -"Tu continuidad solo te hace tímido. Tus actos no pueden de ninguna manera tener el gusto, el poder y la fuerza irresistible de los actos realizados por un hombre que sabe que está librando su última batalla sobre la tierra. Tu continuidad no te hace feliz ni poderoso. Usa tu muerte. Pon tu atención en el lazo que te une a ella, sin remordimiento, ni tristeza, ni preocupación. Fíjate en el hecho de que no tienes tiempo y deja que tus actos fluyan de acuerdo a eso. Que cada uno de tus actos sea tu última batalla sobre la tierra. La timidez te hace agarrarte de algo que solo existe en tus pensamientos. Te apacigua mientras todo está en calma, pero luego el mundo de pavor y misterio abre la boca para ti, como la abrirá para cada uno de nosotros y entonces te das cuenta de que tus caminos seguros, nada tenían de seguros."

viernes, 8 de junio de 2007


Nani:
Hoy durante tu siesta, vi “The world’s fastest Indian” con Anthony Hopkins y dirigida por Roger Donaldson... me conmovió: Me hizo acordar de todos mis viejos y también del guerrero de los libros de Castaneda.La película cuenta la historia de un personaje real de los sesenta, Burt Munro, neocelandés de unos 70 años, apasionado por la velocidad, que se embarca en –para ese entonces- un difícil viaje intercontinental para llevar a su motocicleta, totalmente transformada por él a Bonneville, un lugar desierto y plano donde se puede saber “qué tan rápido se puede lograr ser”.

La pasión o el camino con corazón:


Dice Don Juan (de Carlos Castaneda):

“…Todos los caminos son iguales, y no llevan a ninguna parte. Por lo tanto, el guerrero escoge un camino que tenga vida propia, y a partir del momento en que comienza a recorrerlo, se alegra, se transforma en el camino mismo. Su decisión de seguir en él depende sólo de la alegría, y no de su ambición o de su miedo. Por ello, antes de actuar, siempre se hace la pregunta: Este camino, ¿tiene corazón? El guerrero sabe que un camino tiene corazón cuando es uno con él, cuando experimenta gran paz y placer al atravesarlo”.
A Burt siempre le interesaron las cosas rápidas, y le intrigaba la velocidad tan profundamente que el propósito de su vida fue averiguar que tan rápido podía correr en una moto transformada por él.

Ojala desde pequeños nos dieran libertad entre tanta tareas, deberes y clases extra académicas elegidas por los padres, a explorar por nuestra cuenta el abanico de opciones y aprender a elegir un camino o quizas varios, que nos apasionen… Elegir un camino que te intrigue, que te atraiga a explorarlo, a conocerlo, a ver que tan lejos puedes llegar en él, motivada únicamente por la alegría y la curiosidad que te causa seguirlo, creo que es uno de los secretos para una vida feliz, útil, plena y que quizas pueda aportar algo al mundo.
Parece una ironía pero creo que solo aquellos que siguen lo que realmente les gusta más allá de la búsqueda de aprobación o de la busqueda de poder o de trascendencia, son los que al final y sin proponérselo logran precisamente todo eso. ¿Cuantos jóvenes eligen un camino de vida o un oficio por herencia, por comodidad, por no saber lo que quieren o por ambición? Dedicar mucha energía a algo que no esta contenido en el corazón del que lo intenta, es un gigante desperdicio de tiempo.


Sin embargo, en el presente todo se renueva, y no importa cuando encuentres tu camino con corazón, seas joven o vieja, síguelo con coraje, no te alejes de él, hija. Quiero que sepas que ser tu madre es una de las elecciones más hermosas, sanadoras, aleccionadoras y apasionantes que he hecho en mi vida.


Tú eres definitivamente el más hermoso e importante de mis caminos con corazón.

domingo, 21 de enero de 2007


"La otra noche no te ofendiste con el tigre.
El hecho de que nos persiguió, no te hizo enojar.
No te oí quejarte, ni te oí decir que no tenía derecho a seguirnos.
Podría haber sido un gato cruel y malicioso,
pero eso no te preocupaba,
mientras tratabas de huirle."

"Un guerrero podría sufrir daño pero no ofensa.
Para un guerrero no hay nada ofensivo
en los actos de sus semejantes mientras él mismo
esté actuando dentro del ánimo correcto."

Viaje a Ixtlan
Carlos Castaneda.

O De por qué no debemos ofendernos
(Tomado del blog de
Bello Abril)


"Lo que ocurre fuera de nosotros, aún cuando aparentemente esté dirigido a nosotros,
como cuando alguien nos insulta, nos hace un desaire, nos ignora, nos hiere, busca ofendernos, intenta lastimarnos, etc. no forma parte de nosotros.

Son actitudes que le pertenecen a la otra persona, que hace un juicio de valor sobre nosotros refiriéndolo a lo que en realidad a ella le afecta respecto de sus propias creencias acerca de cómo las cosas deberían ser y sobre cómo uno debería actuar. Pero este es su problema: los demás no son como esa persona querría. O no se comportan de la manera que esa persona estima apropiada según lo que ha aprehendido y los datos que maneja sobre los otros y la vida.

Si uno se siente afectado es porque nuestro Ego se proyecta hacia afuera en la afirmación que esa persona hizo. Entonces significa que la tomamos como algo cierto, que compartimos esa creencia, le damos un valor y un poder que no necesariamente tiene. Es cuando nos sentimos ofendidos, lastimados, heridos.

La opinión de otros acerca de nosotros, sea positiva o negativa, no es más que un punto de vista del otro, y no tiene por qué ser necesariamente verdad.

Cuando uno sabe en su interior que ha entregado lo mejor de sí mismo, de acuerdo a lo mejor que podía en ese momento, está todo bien. Entonces la opinión del otro podrá dañar una relación (tal vez de confianza, de amor, de cariño, de amistad), pero no nos puede ofender porque el otro en realidad se está dañando a sí mismo intentando proyectar en otros sus propias creencias..

Los seres podemos elegir relacionarnos con los otros desde el reproche, la culpa, la rabia, los celos, la envidia, el odio o desde lo mejor que cada uno tiene en su
interior. Y cada uno elige. "

(Gracias, Abril)


O La ranita y el escorpión.
Había una vez una ranita que quería pasar a la otra orilla de un río turbulento y estaba ahí mirándolo decidiéndose a pasar cuando de repente llegó un escorpión muy grande que le ofreció ayudarla si se subía sobre él.

La ranita lo miró entre esperanzada y asustada y al final le dijo: "No, escorpión, gracias pero prefiero arriesgarme yo sola. Tengo miedo de que si me llevas en tu espalda no puedas resistirte y me claves tu aguijón.
El escorpión le dijo: "Pero eso sería un terrible error de mi parte. Si te clavo el aguijón, no podré nadar y me ahogaré yo contigo". La ranita lo pensó mejor y le dijo: "Tienes razón, esta bien, aceptaré tu ayuda." Y se subió sobre el lomo del escorpión, el cual empezó a dejar la orilla.

Cuando estaban en la parte mas revuelta del río, el escorpión no solo luchaba con las aguas sino con su aguijón que a pesar de todo empezó a levantarse lentamente, hasta clavarse en el pecho de la ranita. Esta no lo podía creer y llorando le preguntaba: "Pero, por qué? Por qué lo hiciste si te haces daño a ti mismo también? Y el escorpión le respondió mientras se hundía: "Es que el aguijón es mucho mas fuerte que yo. No pude evitarlo. Es mi naturaleza. "
Y ambos se hundieron en las aguas del río.

miércoles, 8 de noviembre de 2006

Una de Don Juan (de Castaneda)
"El chiste está en lo que uno recalca- dijo

O nos hacemos infelices o nos hacemos fuertes.

La cantidad de trabajo es la misma..."

Viaje a Ixtlan

Ñapita:

"Tenerte lástima te era útil porque te sentías importante
y digno de mejores condiciones, de mejor trato
o bien porque no deseabas asumir la responsabilidad
de aquello que te despertaba autocompasión
o porque eras incapaz de hacer que la idea de tu muerte
atestiguara tus actos y te aconsejara.
Cuando dejaste de sentirte importante, irresponsable, inmortal,
ya no te fue posible, tenerte lástima…

Relatos de Poder.