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domingo, 29 de julio de 2007

Viajando al Salto Ángel

“Hay un río al sur de mi alma,
de aguas roji -negras, transparentes
Frío y ácido, atrayente... inhóspito,
cuya vida late a sus orillas,
no en su interior, del que sólo brota
espuma mineral a borbotones
Apacible a ratos, arremolinado siempre…
justo debajo de la superficie.
Lleno de rocas y bajos, de sorpresas y misterios.
De torrentes tan limpias,
tan puras e indomables que el viento
parece querer fundirse en él, nacer de él,
Un río en el que estuve a punto de morir…
y en el que me siento tan viva que desearía
fuera mi último hogar...”
Fragmento de algo escrito sobre un bote en el río Carrao en 1999.

Durante tres años hice casi el mismo circuito guiando a grupos de turistas y científicos alemanes viajando por toda Venezuela, entre otras muchas razones lo hacía para poder ganarme el privilegio de viajar al menos cuatro días de cada mes hasta el Salto Ángel, al Sur de Venezuela. Salíamos de Ciudad Bolívar, donde tomábamos una pequeña avioneta Cessna que nos llevaba directo al Cañón del Diablo en el Auyán-tepuy, -el mayor de los tepuyes, para sobrevolar el salto. Dependiendo de las nubes o la falta de ellas, y de la disposición del piloto a hacer piruetas, el vuelo se convertía en una colección de turbulencias y nubes grises o en la visión de un espectacular mundo Jurásico y todas sus sorpresas, desde todas las perspectivas. (Ver video)

El Salto Ángel es la cascada más alta del mundo y esto ya de por sí, la hace una maravilla, pero su mayor belleza está en la tierra que lo rodea, el agua que lo nutre, la gente que lo admira. Por eso es tan hermoso ir hacia él como llegar allá, a su pozo. Llegábamos al pequeño aeropuerto del Parque Nacional Canaima, para partir desde el Puerto Ucaima sobre el río Carrao. Navegábamos hasta llegar a nuestro campamento de hamacas rodeado por el Auyán-tepuy, nombre que en idioma pemón significa "montaña del infierno" porque en su cumbre habitan una corte de espíritus malignos llamados Marawiton, leyendas que me contaba mi pana Betulio, aquí conmigo...


... el guía pemón - Kamarokoto, que siempre me acompañaba, y que junto con el famoso y querido Tomás (abajo) me enseñaron todo lo que pude asimilar de esta tierra.
Llegábamos al campamento siempre al atardecer justo para ver como la luz del sol se reflejaba en las paredes verticales de arenisca rosada y como esto hacía que todo: el río, los arboles y nosotros pareciéramos bañados de rayos rosados y naranjas. Después de una noche siempre inquieta y fría en los chinchorros, sazonadas de los besos del venado Pancho, mascota del campamento y de los aullidos de los araguatos; salíamos al amanecer, vestidos con impermeables a remontar los rápidos arremolinados del Carrao para después entrar en el río Churún, que da origen al Churún Merú (Salto Churún en idioma pemón).

Esta travesía era ya mi destino.., poder navegar este río a través del espacio más antiguo de la tierra, los ojos desbordándose ante la cercanía de los tepuyes que alguna vez pertenecieron a Gondwana, -el continente que también era África-, los gigantescos castillos de cuarzo reflejándose en el río... los Martín Pescador persiguiéndonos rasantes, los colores de las guacamayas y las mariposas azules Morphos sobre nuestras cabezas, las nutrias juguetonas al lado del bote y los caimanes inmóviles y atentos en las orillas... El agua del Carrao se podía respirar en el aire y está tan claro aún en mi memoria: un olor mineral, el dulce y seco aroma del ácido tánico, transparente y limpido, frío, de una pureza indescriptible... Ver como de los misteriosos agujeros del Auyán caían chorros de agua altísimos y paralelos; oír a los turistas preguntar si ese o el otro era el Salto Ángel, responderles que cuando lo vieran no iban a necesitar preguntarme si lo era... En una curva sorpresa..., ... la ansiada visión de la escarpada saliente que contiene el salto, como un altar de piedra para el sagrado encaje del agua. Cuantas veces me perdí de la primera impresión del Salto para verla reflejada en las caras de mis acompañantes, en su incrédula alegría, en ese inmenso agradecimiento en sus ojos. Cuantas veces lo vi, y aún así me emocionaba como si fuera la primera, sintiendo dentro como nunca toda la belleza, la paz y el privilegio de estar aquí, viva, en este maravilloso mundo, en este azul planeta, en esta misteriosa dimensión.
Llegábamos a Isla Ratón, donde la mejor de las vistas del Salto, nos estimulaba a seguir, caminando y subiendo a través de la selva para llegar al pozo del Ángel.
Una hora o más dependiendo de las condiciones físicas del grupo, atravesando la selva de helechales, caminos bordeados de delgados arboles cargados de bromelias y lianas.., tanto verde alto, delicado y abundante que forma una especie de bóveda donde las hojas son vitrales que hacen llegar la luz en pequeños copos... El sonido del salto se hace mas vivo, más cercano justo antes de llegar al Mirador Laime. Descansamos allí un poco antes de seguir camino hacia el pozo, y es ahí donde desde abajo hacia arriba vemos al salto en todo su esplendor, en toda su fuerza.

Al entrar en el pozo, no todo se limita a sumergirnos en el agua fría y turbulenta de la caída, también se entra en un mundo donde lo aéreo se mezcla con lo acuático y el agua después de casi un km de caída libre se vuelve niebla y espuma que nos rodea por completo. Todos guardamos silencio mientras hipnotizados vemos hacia arriba, hacia el Churún Merú, y a veces hacia abajo, hacia el abismo y la sabana repleta de tepuyes en el horizonte.

No puedo recordar otro lugar en el mundo que me haya regalado mayor alegría. Esa alegría que es paz y agradecimiento y amor y lucidez, todo a la vez. Esa sensación sagrada y pura de estar conectada como humilde partícula a una inmensidad que te contiene... y que llevas dentro.

El mejor video que encontré:





Las fotos:



sábado, 7 de julio de 2007

Image: Comstock

Nueva Orleans. I
La ciudad donde la música era omnipresente.

Llegada, llamado y decepción:
Llegué de madrugada desde Baton Rouge y los pantanos de Louisana, cansada y dispuesta a dormir... pero desde mi habitación escuché la grave voz de un saxofón callejero, suave y triste. No me quedó mas remedio que salir para descubrir que justo estas eran las horas mas vivas y vehementes de esta ciudad. Salí del hotel de la calle Decatur y en la próxima esquina, casi a las 2 am, tocaba el saxofonista. La gente pasaba casi indiferente, ya acostumbrada a oír música en cada esquina, pero yo me quede ahí durante un buen rato, oyéndolo, imaginando al Mississipi que podía sentir al otro lado de la calle, aunque el muelle y la niebla lo escondieran, y entendiendo que por fin estaba dentro de uno de mis sueños mas viejos.
De la Decatur subí hasta la famosa Bourbon Street, esperando encontrar una calle como la que recorría el vampiro de Anne Rice recreado en la canción de Sting: una calle misteriosa y oscura, repleta de tugurios llenos de humo y jazz pero lo que me encontré fue completamente diferente. Una serie de locales con luces de neón anunciando cocteles y karaoke, desde los que salían música pop, rock y country. Entré a uno de ellos en una calle cercana: el famoso "Joe O'Brien" que se supone es el restaurante mas grande del mundo... Casi salgo corriendo cuando vi a los "músicos" vestidos de ceñidos trajes de lentejuelas que parecían una mala mezcla de Abba con los hermanos Osmond. Turistas de cara roja y sandalias con medias los aplaudían fascinados.., fui hasta el patio gigante lleno de mesas con sombrillas, compré un coctel "Hurricane" su famosa bebida y salí de ahí despavorida.
En la calle, multitudes alcoholizadamente felices, entraban y salían de los bares donde cantaban karaoke, y disfrutaban la vista que ofrecían rubias turistas que sobre las mesas se despojaban de inhibiciones y prendas de vestir.., todos portando como trofeos los collares de cuentas que se usan en el "Mardi Gras" ganados por sus atrevimientos o por su nivel de consumo. Este ambiente de fiesta, que quizás en otro momento hubiera disfrutado, me puso entonces profundamente triste. Me lo merecía por tener tanta expectativa e ideas fijas sobre esta ciudad que me recibía ofreciéndome lo contrario a lo que venía buscando. Me fui a dormir.

Preservation Hall

A la noche siguiente, un poco después de las 9, hice fila en la calle Peters, -que hace esquina con la Bourbon- para entrar al Preservation Hall, muy cerca del O'Brien. Lo único que sabía es que aquí había tocado Louis Armstrong, y también George Louis y Emma Barret. Había leído que era un lugar donde se preservaba el jazz tradicional de la ciudad. La casa parecía estar cayéndose a pedazos, a excepción del farol y la hermosa puerta de metal. Yo estaba curada de expectativas, después de un primer día maravilloso conociendo de Nueva Orleans lo que todo buen turista debe conocer, resignada al velo obligado que hay que cruzar antes de conocer realmente algo. Relajada, tomándome mi coctelito, escuchaba otro saxofonista callejero que por 1$ concedía peticiones; cuando tocó "Do you know what it means to miss New Orleans?", le dije que yo extrañaba a una New Orleans que imaginaba, y me regaló una enigmática sonrisa mirándome a través de sus lentes oscuros, protegido del neón forzado de la noche.

Entré por fin al Hall, un pequeño cuarto rectangular con capacidad para no más de 70 personas, tres banquetas como de iglesia frente a una plataforma baja e iluminada tenuemente. El calor se aliviaba un poco con el ventilador de techo, las paredes viejas de las que colgaban fotos y dibujos sobre el jazz desde que este espacio era una galería de arte a finales de los 50. Me senté en el piso a centímetros de la plataforma mientras el pequeño cuarto se llenaba de gente. Poco después, entraron 6 viejitos con cara de aburrimiento y desapego: un clarinetista, un baterista, un pianista, un trompetista, un violoncellista y un saxofonista. Y así, sin mas presentación empezaron a tocar la consabida "When the saints go marching in" que ya había escuchado unas diez veces ese día. Entonces algo muy extraño pasó:
Poco a poco, una música que nunca había oído, -nunca así-, se me fue metiendo bajo la piel. Estos ancianos maravillosos hacían brotar de sus instrumentos, mundos enteros: metafóricos, metálicos, misteriosos… A veces me parecía estar oyendo el ritmo de una tabla de lavar, otras un látigo y un alarido, llantos rotos en bares de Storyville, protestas ahogadas en oraciones que aliviaban un dolor rabioso y marginado, el tambor frenético de un esclavo, un martillo sobre los rieles de un tren, los arrullos en los campos de algodón, repetitivas suplicas de huesos, la fe indispensable golpeando palanganas, el sonido vacío de las calabazas, la alegría triste de los funerales, la celebración de la entrada al cielo que a todo daba sentido.
Sus rostros rejuvenecidos y transfigurados interpretaban solos por turnos, mientras los demás sonreían con la mirada perdida quizás dirigida a sus muertos o a sus secretos…, tocaban la misma canción de siempre como la primera vez, con toda la improvisación y la evolución constante que también ostenta la vida intensa.
Esa noche entendí que al jazz sólo se puede intuirlo, atisbar sus abismos, sospechar su inmensidad. En ese saloncito, lo incierto se regodeaba y se nutría al misterio, el tiempo se diluía y lo vital, lo humano encontraba expresión y abrigo.

Era cierto:
Al renunciar a las expectativas, finalmente encontramos o nos dejamos encontrar.

martes, 6 de marzo de 2007

LOS WARAOS


Warao quiere decir Gente de Curiara, (canoa hecha de un solo tronco esculpido y quemado por dentro para que se expanda). Viven en el Delta del mayor río venezolano el cual es tan importante para ellos que muchos aprenden a remar casi al mismo tiempo que aprenden a caminar.

Por eso Orinoco significa "lugar donde se rema" porque para ellos fluir con el río magnánimo y estable es acceder al mundo, transportarse, socializar, explorar, conseguir sustento, existir.
























Los waraos son sobrevivientes, fue una de las pocas tribus que superaron primero a los ataques de los temibles Caribes y luego a la colonización, gracias a que eligieron como escondite el Delta Amacuro y sus infinitos caños e islas . Aunque antes eran nómadas, ahora con la explotación petrolera, el contrabando, la industria maderera, no les ha quedado mas remedio que adoptar el sedentarismo y establecerse en lugares seguros e incluso, en algunos casos, vivir precisamente de estas actividades que destruyen su ambiente.

Sin embargo, en algunas épocas del año dejan abandonadas comunidades enteras en busca del favor del río. Sus actividades principales son la pesca, la caza, la recolección de frutos silvestres y también de cangrejos en época de sequía. También poseen una inmensa y hermosa tradición artesanal que incluye las famosas cestas realizadas con las fibras de la palma moriche...

... las esculturas de madera balsa con que representan a la naturaleza y a si mismos.
y las mejores hamacas que existen por su resistencia, flexibilidad y estética...


Aun construyen sus hogares, a la orilla del agua, el techo de palma temiche a dos aguas sobre palafitos de palma manaca lo suficientemente altos para protegerlos de las mareas altas, sin paredes porque aun no tienen nuestro concepto de "intimidad" y necesitan la brisa que los alivie de la humedad


Pero en viviendas donde antes el Warao solo guardaba sus recursos de caza y pesca, su guayuco y su hamaca ahora gracias al contacto con la civilización, estas simples viviendas sin el concepto de almacenamiento están saturadas con artículos intrusivos a su cultura como la ropa, los envases plásticos y de vidrio, los bidones de gasolina para los motores de los botes mas rápidos y contaminantes contra los que ya no pueden competir las curiaras.


Durante tres años, conviví con dos de sus comunidades, una semana de cada mes. Fui guía de visitantes alemanes, generalmente antropólogos, biólogos y ecologistas que estaban dispuestos a soportar calor, barro y mosquitos por estar en contacto con esta cultura pre-hispánica y por disfrutar la fauna variada y única del segundo río más caudaloso del mundo (después del Amazonas). Trabajé en el delta a lo largo del Caño Manamo, y en el Estado Monagas a lo largo del Río Morichal Largo.

Estas fotos fueron hechas en viajes a Caño Manamo en los cuales, junto a ñañez y a Aquilino (guias locales), recorríamos el río en busca de monos araguatos y capuchinos, guacharacas y caimanes, para luego descender a caminos dentro de la selva utilizados para la agricultura en forma de conuco y buscar ejemplares de todo el universo de palmeras y árboles de las que depende la vida cotidiana de los Waraos. Entre ellos, el Sangrito del cual sacan la madera balsa, la Palmitera de cuyo cogollo sacan el palmito, rico vegetal comestible como lo hace aquí Aquilino…
Y la palma moriche, que es el “Árbol de la vida” de los Waraos porque utilizan toda la palmera para su beneficio. Los frutos son muy nutritivos con un alto contenido de proteína y vitaminas, con el que además se hace aceite y una bebida muy fresca que al fermentarse se convierte en el alcohol con el cual se embriagan. De las hojas extraen tiras de fibras con las que elaboran cestas, collares y con las que amarran sus palafitos. De los troncos viejos de estas palmeras extraen la pulpa con que hacen la Yuruma, una harina comestible. De estos mismos troncos perforados y cubiertos con hojas brota después de algún tiempo el "nojobo" una especie de vino que consumen de inmediato porque si no se avinagra y por ultimo también extraen las larvas o gusanos de una especie de escarabajo que se crían dentro del tronco de la moriche. Las comen crudas o cocidas y las consideran un gran manjar. Cuando las probé, su sabor me pareció al de la manteca que acompañado de pan no sabe tan mal y es fuente de proteínas para los Waraos cuando la caza es escasa.
Aquilino con larvas de moriche en la boca...

ñañez sacando larvas del tronco de Moriche...
Nuestra base era el Campamento Boca de Tigre en Caño Manamo, una vía acuática dual a la que a veces era muy dificil acceder gracias a la Bora, planta flotante que se acumulaba con la marea cubriendo todo el rio y cuyas raices se enredaban en los motores de los botes dejandonos varados por horas a merced del Orinoco mientras venian a auxiliarnos.

El campamento era un oasis de frescura y hospitalidad con personal Warao y cómodas habitaciones en medio de la selva, donde en la noche podían oírse a los araguatos aullar y a los jaguares rugir...

ñañez (uno de los guías) era capitán de una de las comunidades que visitábamos y nunca nos llevamos muy bien. Con los guías hombres no tenía ningún problema, pero conmigo se ponía terco y huraño porque era contrario a su cultura y posición hacerle caso a una mujer. Y yo era la única guía mujer. Aunque el hogar es matriarcal y se respeta a la figura femenina más anciana de la casa, el hombre puede tener varias mujeres y familias a la vez, y marcados rasgos de machismo que van en proporción a su poder. Solo después de algún tiempo, ante mi pedido de entrenar otro guía, aprendió a aceptarme y a ponerse de acuerdo conmigo en las decisiones de la expedición pero no sin un gran esfuerzo. Yo también aprendí a entender lo extraño que era para un Warao de ese rango, una mujer que vistiera pantalones y botas, se metiera en el barro, gritara, manejara el bote, supiera pescar, decidiera paradas y rumbos, y no siempre demostrara miedo aunque lo sintiera… y mucho.

Pero como contrapartida estaba Aquilino...
... un warao feliz y sonriente, sincero y valiente, lleno de curiosidad y de respeto por sí mismo y por los demás. Con él, explorar el Delta era una alegría, juntos sacamos madera balsa del sangrito, comíamos felices palmito fresco recién sacado de la palmitera, pescábamos pirañas,
... sacábamos cangrejos de la arena del manglar, espiábamos a la fauna camuflajeada del Orinoco y vivíamos uno de los tiempos mas felices de mi vida.
Sin embargo, nunca llegué con grupos de turistas más allá de donde llegó la iglesia y la -a veces mal llamada- "civilización". Solo gracias a Aquilino...
fue que mucho tiempo después -cuando me concedió el honor de su amistad-, pude llegar a lugares y personas que realmente me transformaron y sobre los que me cuesta un poco escribir.

Aquilino se convirtió en un gran amigo mío y a través de él pude ver el alma sabia y pura de su gente más allá de las diferencias culturales y lingüísticas. Me llevó a lugares maravillosos e inexplorados, me presentó a sus maestros y como no hablaban español, se prestó como traductor con esos seres tan especiales, me dio a su hija como ahijada , aquí conmigo… que no pude bautizar nunca porque abruptamente dejé de viajar allá por razones de salud.

Lo único que Aquilino me pedía para mostrarme su mundo es que no llevara cámara, solo mi cuaderno. Entre los lugares a que Aquilino me llevó está uno que siempre guardo en la memoria y el corazón; él y su familia lo llamaban “La Laguna del Silencio”. Ahí no tuve mas remedio que aprender a estar en silencio durante largo tiempo, a riesgo de que a la primera palabra susurrada, nos retiráramos inmediatamente de ahí. Es una práctica que al principio no entendía y que creí que solo se trataba de una especie de reverencia sagrada a la belleza del lugar, lleno de manglares verde brillante, palmeras altísimas llenas de misteriosos sonidos de vida, nubes de Morpho, la mariposa que solo es azul cuando vuela, una brisa perenne y suave que invita a la calma, agua transparente y extremadamente serena…

Luego los vi… mirarse a los ojos llenos de belleza, los vi sonreírse y hablar sin palabras y entonces entendí que el silencio era un lenguaje de una ternura y un agradecimiento infinito por la naturaleza y por la familia que no se podía expresar verbalmente. Y con el tiempo, el silencio y el azar me dieron un premio sorpresa y pude ver a los visitantes escondidos de la laguna: Las familias de manatíes y solo una mágica vez: las toninas rosadas del Orinoco.

Aquilino también me presentó a Aguayo que me miraba a través de los ojos más brillantes y rodeados de arrugas que he visto… me decía cosas extrañas que me desesperaba no entender porque hablaba con la calma de quien ha descubierto una gran verdad… Pero en este lugar, pocas veces visitado, Aquilino estaba demasiado ocupado como para traducirme lo que Aguayo me decía. Sólo una noche de tormenta, de esas a las que aun temo como cuando era niña... justo esa noche... sentí mucho miedo porque estaba sentada sobre palos de manaca, con mucho frío en un hogar sin paredes y viendo crecer el río … Aunque trataba de disimular y concentrarme en el fuego y la comida, saltaba involuntariamente cada vez que caía un rayo o sonaba un trueno, causando la risa amable y solidaria de mis anfitriones. Solo entonces Aquilino me tradujo una parte de lo que Aguayo decía que ofrezco aquí con un lenguaje un poco más comprensible que el original:

“El rayo puede caerte encima o no, aunque no haya tormenta; el trueno puede rugir aunque no haya peligro o porque lo hay, la lluvia es necesaria para que se despeje el cielo pero puede inundar tus pasos en la tierra, el río enojado puede regalarte una mejor pesca o llevarte con él, el frío puede hacer que descubras tu propio calor o que te enfermes”...


Yo asentía, como entendiendo y entonces dijo, un poco enojado o quizás queriendo darle un tono de autoridad a sus palabras:


“Si supieras esto, si realmente lo entendieras podrías hacer una de dos cosas: temblar como el acure toda tu vida o recostarte como yo viendo pasar el tiempo. ESO es tu miedo a la tormenta.”

Me quede viéndolo hipnotizada y en silencio. Él y los otros fueron a acomodarse en sus hamacas. Aquilino y su mujer me abrazaron solidarios antes de irse a dormir. Esa noche no me sobresalté ni una sola vez más, y estuve en una especie de trance aceptando a la tormenta. Lo anoté en un cuaderno y con el tiempo lo olvidé.

Ayer lo encontré en ese mismo viejo cuaderno que me trajeron hace poco de Venezuela, como un mensaje que justamente ahora necesito. Ahora que la incertidumbre y el miedo a lo desconocido me están afectando mas que de costumbre, ahora que volví a sobresaltarme y a “temblar como el acure” durante las tormentas, llega Aguayo y su mensaje desde lo mas profundo del Orinoco para recordarme mi esencia. Por eso esto.

Fotos: Gloria Arocha. Aquilino Sanchez.

miércoles, 14 de febrero de 2007


Cinco palabras para describir el lugar más hermoso en el que he estado.


LA GRAN SABANA (link)

Silencio:

Silencio de siglos, de miles de voces, un silencio absoluto, eterno y personal, porque por breves momentos se hace silencio también dentro de ti, y aunque el viento te alborote el pelo y la inmensidad te llene unos ojos que se olvidan de parpadear, aunque estés en presencia de infinitas formas de vida, de un escenario de principios de mundo, de una belleza que esta mas allá de todo límite…toda tú eres silencio, eres solo uno mas de todos los seres que integran este universo aparte: y como una palmera te bamboleas, y como una flor recibes el sol, y como una montaña contemplas de lejos y como un pájaro, te elevas…

Agua:


Agua que corre, que cae, que reposa. Agua que te salpica con la fuerza de la cascada, agua que envicia, que acaricia, que te envuelve en su simple belleza… Después de tanto tiempo, mi mente aun retiene el color del jaspe reflejado en el agua, la estruendosa e hipnotizante caída del Aponguao, la delicada cascada del pozo Catedral, el escarpado Torón Merú y su profundo estanque, la hechizante belleza doble del Kamá, los serenos y fríos pozos sobre el Roraima, y así tantas y tantas, porque nunca pude ignorar a ninguna, ni privarme del profundo e intimo placer que me causaba mirarlas y zambullirme en ellas.

Cada caída de agua es diferente, única y ejercen una atracción tan intensa que se puede estar horas contemplándolas y una eternidad sintiéndolas, recordándolas. El marco de helechos, flores silvestres, plantas de mil especies enchumbadas de espuma, el sonido particular de cada salto al caer, y la paz, la inmensa paz que me invadió y me invade al tan solo ver dentro de mí, donde quedaron grabadas.

Tepuy: (link)


Castillos de cristal que encierran y arrullan la luz desde principios de mundo. Desde lejos, son un escenario donde es fácil imaginarse cualquier comienzo, cualquier punto de partida, cualquier primera manifestación de Dios, la naturaleza o el hombre. En otros tiempos y en el mismo espacio, hay dinosaurios y diluvios, árboles gigantes y Mawarís, todos fielmente guardados por los callados y valientes pemones…


Acercándose al Roraima, cruzando ríos de fuertes corrientes, remontando verdes colinas que se burlan de tu esfuerzo haciéndote ver lo insignificante de tus pasos en la inmensidad, adentrándote en esa paleta de azules, ocres y verdes, que te hacen sentir parte de una gran obra de arte a la que solo Dios puede realmente apreciar, te das cuenta poco a poco de que todo es un preámbulo planeado por la Naturaleza para que el impacto de llegar al fin al pie del tepuy no te paralice.



Subiendo el Roraima, el verde deja de ser un color para convertirse en todo un universo, fresco, brillante y suave que envuelve especies casi prehistóricas que evolucionaron más lentamente solo aquí, en esta mágica isla biológica… Subiendo el Roraima, te olvidas de que subes hacia un Olimpo de dioses de la naturaleza, y te aferras a la rama que te apoya, al rastro del indio que te guía y te supera, al ritmo de tu respiración, al pasadizo cerca del abismo que has de subir, a cada piedra resbalosa que pisas, sin apreciar en realidad las bellas cascadas que las mojan… Pero al tomar un descanso, y sentarte a disfrutar la vista, te invade la más plena e indescriptible de las sensaciones, y es la de estar de pronto integrada, formando parte de algo que siempre fue idealmente bello, sagradamente lejano para ti, como el mas imposible de los sueños… Todos tus sentidos parecen despertar de un largo letargo, y el aire que respiras en ese momento parece que bastara para toda tu vida… Oyes un silencio que tan solo es sacudido por el viento en tu cara y en los árboles, y tu vista se desespera, se desborda ante tanta belleza… Solo la lejanía de tu guía, y el deseo de llegar a la cima te despiertan de la hipnosis, para seguir tu camino.



Al llegar, descansas en tu desconcierto, reaccionas, te levantas, caminas y de repente, sientes un frío intenso, la niebla se disipa y ante ti, se descubre un mundo totalmente nuevo: gris, lunar, rocoso, árido pero a la vez, extremadamente acogedor como si estuviera siglos esperándote. Cada piedra parece moldeada por manos gigantes, y así recuerdas que estás en la morada de los espíritus, en la guarida de tantos seres fantásticos de las leyendas pemones. Te intimidad, te cohíbes, sientes el privilegio del que han dejado acceder a las cámaras de un verdadero tesoro… Duermes alucinando, temblando de emoción y frío, y cuando debes irte, sientes una misteriosa certeza de que volverás…

Noche:

Noches de infinitos y desconocidos sonidos, de sobrecogedor silencio, noches que pueden provocarte la sensación de la mas absoluta soledad, o pueden invitarte a comprenderlas, a internarte en ellas y así lograr una mejor conciencia de ti mismo, del mundo a tu alrededor y del que existe mas allá de tu percepción. Noches de lluvia implacable y frío terrible que te enseñan con admirable simbología que de poco sirven las cobijas cuando el mejor calor es el de tu propio cuerpo. Noches que prueban tu luz interior cuando solo ofrecen oscuridad y silencio. Noches que te hacen pensar que nunca has mirado el cielo, porque el que contemplas, es un cielo mágico, hipnotizante, intensamente azul, lleno de estrellas fugaces, que sientes tan apabullantemente cerca, que no sabes si amar u odiar a las montanas que parecieran sostenerlo.

Al principio, pensaras en dioses antiguos y nuevos, en galaxias lejanas, en seres de otros universos, te harás las mismas preguntas que se hacen todos los hombres: ¿qué hago aquí? ¿De dónde vengo? ¿Quién soy? y ¿adónde voy? pero llega un momento en que sólo te concentras en el espectáculo celeste que se te ofrece y esa luz suave, impalpable y viajera, se introduce en tu ser y te ilumina por siempre.

Hombre:

Hombres que a pesar de tanto abuso e injusticia, de tanta impotencia y destrucción, aun se saben habitantes privilegiados de un paraíso único en la tierra. Y a pesar de que beben sodas enlatadas y visten yeans, casi siempre llevan dentro de sí: la sencillez del agua, lo agreste de la selva, la frescura de la hierba, y lo sagrado de las montanas. Hombre indio, mujer y niño pemón, que no pueden evitar el resentimiento ante los que destrozan su tierra y su cultura, pero que poco a poco y sólo si sospechan algo de amor y humildad en ti, te adentran en su paraíso y dejan entrever sus almas...


Hombre minero, enloquecido por el frenesí del oro y los diamantes, inconsciente y vividor de un presente lleno de licor, lujuria y barro, vacío de sentido, de propósito, de respeto. Hombres que hacen del peligro, o de la ambición, o de la traición una forma de vida. Hombres de bolsa llena, de armas y almas escondidas, que entierran cada vez más sus sueños en facilismos y postergaciones pero que no pierden la esperanza de algún día convertir realmente el barro en oro...

Seres humanos que viven, aprovechan o visitan la Gran Sabana y entienden que ahí pertenecieron desde siempre, y cuando parten de esa tierra única y multidimensional tienen la absoluta convicción de que de ahí salieron y ahí volverán.

APORTES-Comentarios:
Abril:
"...El silencio que mencionas es poblado, la gran sabana en tus manos tiene millones de seres que la habitan. Y la pueblan de sonidos, contrariando el silencio del vacío. Entre ellos el del agua predomina, no sólo por las imágenes, también por la vegetación que surge de ellas..."

Aquajcho:
"...Cinco palabras que definen muy bien ese espacio mágico y hermoso de nuestro país. Quizá le agregaría una palabra más: paz!. Es la conjunción de tus cinco palabras cuando te encuentras en ella!"

Máximo:
"Siempre me ha parecido que los lugares que llamamos principios del tiempo o de los tiempos no solo guardan esos días en sus entrañas de misterio, sino que a la vez tienen algo -no lo se- de fin de los tiempos. Se me mezclan las sensaciones.De confín y de reserva. De fuente donde abreva la vida y ultimo bastión de luz para los ojos y para el alma.

Lugares donde el aire guarda tantas perlas como el agua. Donde toda energía que brota de la tierra a nuestros pies parece que va caernos en cascada de algún modo y forma. Donde cada soplo de brisa puede ser un espíritu y cada minuto de silencio una ceremonia..."

Ontokita:
Letra de la canción "Venezuela"
"Llevo tu luz y tu aroma en mi piel
y el cuatro en mi corazón
llevo en mi sangre la espuma del mar
y tu horizonte en mis ojos.
No envidio el vuelo ni el nido al turpial
soy como el viento en la mies
siento el Caribe como una mujer
soy así qué voy a hacer.
Soy desierto, selva, nieve y volcán
y al andar dejo mi estela
el rumor del llano en una canción
que me desvela.
La mujer que quiero tiene que ser
corazón, fuego y espuela
con la piel tostada como una flor
de Venezuela.
Con tu paisaje y mis sueños me iré
por esos mundos de Dios
y tus recuerdos al atardecer
me harán más corto el camino.
Entre tus playas quedó mi niñez
tendida al viento y al sol
y esa nostalgia que sube a mi voz
sin querer se hizo canción
De los montes quiero la inmensidad
y del río la acuarela
y de ti los hijos que sembrarán
nuevas estrellas.
Y si un día tengo que naufragar
y el tifón rompe mis velas
enterrad mi cuerpo cerca del mar
en Venezuela."
VENEZUELA (P. Herrero)

Dani:
"Cinco palabras como cinco sentidos"

Gracias!!

domingo, 4 de febrero de 2007

En Caracas. I
Extrañar lo que está y ya no es lo mismo, es la nostalgia más cotidiana e imperceptible.

Desayuno. Un Domingo.

Despierto viendo al Avila por el ventanal, madre montaña , temperamental y cariñosa que nos rodea y nos mira desde cualquier lugar del valle, sus colores son oráculo del humor de la ciudad, y que justo hoy muestra un verde/azul intenso, presagio de cielo claro y de clima perfecto de "eterna primavera" fresco, sin humedad, límpido y acogedor. Disfruto de mi primer apartamento propio, lleno de azul y blanco, de libros regados por todos lados, de esa soledad plena que disfruto tanto, escucho a Simón Diaz o Cecilia Todd y de repente estoy genuinamente alegre.

Camino por la Fco. de Miranda, y luego por la principal de Campo Claro, compro "El Nacional" y "El Universal" saludando en desfile a los vecinos de mas de 20 años y por fin- llego hasta el Vomero, templo del Café, donde se le trata como se lo merece, -como un arte- solo ahí los limites entre un " guayoyo" y un "negrito" y aun mas importante, entre un "café con leche" y un " marroncito" son respetados con una perfección que no he encontrado en ninguna parte. Despertar al primer sorbo, oyendo hablar a los viejitos italianos de sus nostalgias de inmigrantes, y de sus raíces profundas en este país que les duele.


Entrar en la Segunda Av, y a la casa de mi tribu, para desayunar juntos, en la terraza de orquídeas de mi vieja, oler las "cachapitas"frescas es hasta mas placentero que saborearlas, me quejo del "queso de mano" que ya no hacen como antes, leo, le dejo los periódicos al viejo bien dobladitos porque ambos compartimos "la manía del diario ordenado" y se que preferiría ir a comprar otro antes de leer uno todo desparramado. Desayunamos juntos y los dejo viendo películas viejas, me voy sola, a disfrutar mi ciudad.


Voy directo al Centro de Arte "La Estancia" mansión museo, jardín de ensueño. La música la reconozco, es Huáscar Barradas , flautista talentoso que otra vez viene a tocar gratis, entre las voces de los niños y los desayunos improvisados de familias enteras en el jardín, él toca su flauta que enamora el viento y le presta su fuerza y su suavidad. Salgo de ahí flotando, y paso por la Plaza Altamira, y cerca del Obelisco, bajo al Metro de nuevo...


Llego a la Previsora para la primera sesión de cine. Me encantan las matinés, son las 11 de la mañana y el que está en el teatro a esa hora casi seguro sea un apasionado del cine y por eso las películas son siempre buenas. Salgo de la sala con los ojos, el corazón y la mente llenos de imágenes, símbolos y mensajes y me siento en el "Gran Café" a tratar de aprehenderlos. Mientras me tomo un jugo de parchita y saboreo una arepita de queso blanco, veo pasar la gente, pueblo multicolor, crisol de razas, de orígenes, unidos en una identidad nacional que de tan inmensa nos abarca las diferencias, las injusticias viejas, los privilegios absurdos, la riqueza invisible, la pobreza callada y furiosa... pienso en cuando todo esto encuentre una válvula de escape, sueño con una educación que forme libre pensadores, con un cambio profundo en la política repetitiva, en la economía de "pan y circo", temo a los disfraces populistas que podrían hacer que el rencor explote para ser manipulado y seguir en lo mismo... con otras caretas.


La mañana termina, llega el letargo del mediodía y todo duerme, la memoria descansa, la nostalgia hace una pausa...